Eres un 'Cibermaleducado'..?

La tecnología ha cambiado las normas sociales.
El uso del celular e Internet distorsiona la convivencia, y las nuevas reglas se imponen.
En un restaurante comen dos compañeros de trabajo. A uno le suena el celular que previamente ha dejado sobre la mesa… no lo piensa dos veces, contesta. Habla durante 10 minutos sin preocuparse de que su acompañante sigue comiendo solo. ¿Haría usted lo mismo?
La tecnología ha irrumpido en la sociedad y ha quebrado normas que antes eran sagradas. El viejo concepto de buena educación se ha revolucionado ante unas herramientas nuevas que facilitan la comunicación pero que, también, trastocan la convivencia.
El correo electrónico y el teléfono celular tienen sus propias reglas de cortesía.
El diálogo por celular se ha impuesto en reuniones o actos. Dieciséis millones de personas han utilizado Internet en los últimos tres meses. Hoy casi nadie puede vivir sin estas herramientas, que se han integrado en la sociedad y que también propician su avance: más comunicación, más productividad.
Miles de negocios se cierran cada día acelerados por el celular o el correo electrónico. Y también muchas relaciones se mantienen gracias a ellos. Pero, ¿hasta qué punto influyen en la convivencia y repercuten en la manera de comportarnos con los demás?
La imagen de una persona que habla por el celular mientras se dirige al dependiente de la frutería o compra el periódico no es inusual. Tampoco se hace extraño ya escuchar las músicas más insospechadas en momentos inadecuados que provienen de un celular que debió haber sido silenciado o apagado. Esto es común pero no es lo correcto. Según los expertos, van en contra de las normas de protocolo.
También se considera incorrecto algo que para muchas personas es habitual, no contestar a un correo electrónico o no especificar el asunto del mensaje. Por no hablar del colmo de los malos modales en Internet: escribir todo el texto en mayúsculas.
"Este tipo de letra da la impresión de que se está gritando al interlocutor en el oído".
Internet no es un mundo anárquico y libre donde se permite todo. Internet también tiene sus normas de comportamiento, la ciberetiqueta o net-etiqueta.
Igual que desde niños sabemos que debemos ceder el paso a una persona mayor, también existen normas para ser aceptados en Internet. Todo usuario de Internet debería conocer las tres reglas básicas de la ciberetiqueta:
1) No enviar correos con archivos adjuntos pesados
2) No remitir correo spam o no deseado; y
3) No escribir en mayúsculas.
Incumplirlas es ser un maleducado, un cibermaleducado.  Pero ¿Quién fija estas normas?. Son reglas no escritas y no obligatorias que se han ido creando con el uso de Internet, del chat, del correo electrónico. Sin embargo, para los expertos, el instrumento que más rompe las pautas básicas de cortesía es el teléfono celular. Estos aparatos empezaron siendo sólo para comunicarse profesionalmente.  Hoy todo el mundo los usa y se han convertido en elementos que inciden en la convivencia social y la perturban. Por no hablar de celulares que suenan en el cine o, lo que es peor, durante una boda o un funeral o en plena aula de clases. Hay gente que puede llevar de tono en el celular la canción de moda y que les suene en medio de una comida de trabajo o mientras hace la cola en el banco.
Muchas veces los usuarios no son conscientes de la mala imagen que dan. No sólo por no haber apagado o silenciado el celular, sino también por el tipo de música que llevan.
Otro problema frecuente son las horas de llamada. Parece que todo momento es bueno para telefonear a alguien al celular. No se respeta la hora de la comida ni mucho menos la de la siesta, e incluso se reciben llamadas a horas intempestivas. "El pasado fin de semana me llamaron al celular a las tres de la mañana. Eran mis amigas, que estaban de farra y querían contarme que habían visto al camarero que me gusta. Yo estaba en casa, enferma y amargada. No me hizo mucha gracia", cuenta Cristina. Ella nunca apaga el celular, no tiene teléfono fijo y ésta no es la primera vez que una llamada tardía o un sms la han puesto al borde del infarto.
Para evitar situaciones como ésa, la clave es utilizar el sentido común. Sin embargo, parece que, aunque suene raro, éste no es demasiado frecuente.
Javier Sanz trabaja en una multinacional de productos químicos. Utiliza el celular desde hace 10 años y reconoce que se ha convertido en un "apéndice" de su persona. "No lo apago casi nunca, pero lo silencio", dice. Reconoce que cada vez es más habitual que en las reuniones o incluso en las comidas de trabajo la gente mantenga una conversación mientras contesta el correo electrónico o responde llamadas. "Hace unos días fui a comer con unos clientes. Uno de ellos se pasó la comida entera distraído, contestando correos electrónicos con la Blackberry. Fue muy molesto porque daba la impresión de que no estaba siguiendo la conversación", dice.
Como Sanz o el ejecutivo con el que almorzó, cada vez más personas pasan tiempo literalmente pegadas a su celular. Hablando, enviando mensajes o contestando al correo electrónico. Ochenta y cuatro minutos promedio al día, 18 minutos más que en 2006, según un estudio elaborado por Nokia. Uno de los usos más comunes es el envío de mensajes de texto.
Cada usuario de teléfono celular manda un promedio de 600 sms al año, según los últimos datos. Sin embargo, muchas veces su uso no es más discreto que una llamada breve.
Hace años era impensable ir a comer con una persona y que ésta pusiese su celular sobre la mesa. Ahora, según los especialistas, "es imprescindible en el mundo de los negocios". "Muchas veces, un mensaje de texto del jefe, un correo electrónico o una llamada para añadir algo a la conversación se convierte en un elemento más de la negociación. Sin embargo, hay que aprender a usar el celular con prudencia. También diferenciar el uso personal del profesional. No todos los correos y llamadas son urgentes. Muchas pueden esperar.
Pero quién no ha estado en algún acto público en el que a alguien le ha sonado el celular. El comportamiento habitual de los asistentes es volverse para ver quién ha sido el descuidado.
En la Escuela de Protocolo, en los cursos se aprenden normas de cortesía como la que dicta que si se corta la comunicación, quien ha telefoneado debe repetir la llamada; o una de las más obvias pero también de las más incumplidas: apagar el celular en el cine, hospitales, reuniones... También que no se deben enviar por correo electrónico cadenas de mensajes y que hay que tener cuidado con el uso de códigos.
Capítulo aparte merece el uso del manos libres. "Vas por la calle y ves a personas que hablan solas o gente que lo utiliza en el coche sin pensar en las personas que están alrededor.
Las normas de cortesía cambian y se adaptan a las nuevas tecnologías. Pero para los expertos en protocolo.. los maleducados suelen serlo con celular o sin él. En Internet y fuera de él.