LA CIUDAD Y SUS CONFLICTOS:

EDUCACION AL DIA.
NUEVOS ESCENARIOS:
Podemos partir de una premisa: todo acto educativo es esencialmente comunicativo, según Paulo Freire, en ‘Educación para la Libertad’. Y viceversa: todo acto comunicacional es educativo, por excelencia.
En este sentido, la ciudad -con sus espacios, su gente, sus árboles, edificios, calles, plazas e incluso sus conflictos- es un escenario vital irreemplazable, donde todo comunica -y, por lo tanto, educa- no solo a través de sus letreros y marquesinas, sino mediante la observación del paisaje humano y natural que cada día brota y se mueve, nos moviliza, y nos sobrecoge sobre todo por la inseguridad, la contaminación y el pesado tránsito.
La ciudad es entonces el ‘polis’ donde suceden los encuentros y desencuentros de seres ahogados por la prisa, estremecidos por el ir y venir de gente que busca el sustento, y de personas que nacen, crecen, se desarrollan y mueren en aquella búsqueda frenética de intentar sobrevivir por algo o por alguien, ‘metidas’ en un bosque de cemento y hierro…
‘Hacer saber’ y ‘saber hacer’
El notable impacto de las tecnologías y la informática ha influenciado sobre las ciudades e hizo posible el nacimiento de los sistemas de comunicación social tanto para el “hacer saber” que persigue la ciencia, como para el “saber hacer” que persigue la especialización profesional. Al principio, en efecto, surgieron los ingenieros, luego -o al mismo tiempo- los arquitectos, recreadores del espacio y dotados de imaginación para resolver los problemas de la cotidianidad, el trabajo, el descanso, la diversión, la cultura, la religión y el más inofensivo hábitat: el camposanto.
Multidisciplinariedad
En este contexto, la ciudad pocas veces o nunca ha sido considerada como un objeto de estudio, con carácter multidisciplinario. Siempre se la ha estudiado como parcelas o compartimentos de ciencias o disciplinas, cuando la realidad es compleja, difusa e integrada a procesos y transformaciones cualitativas.
Y no estamos hablando del ‘lugar natal’, otrora contenido que nos aprendíamos sin haber siquiera imaginado cómo era el sitio donde vivíamos. Era la ciudad para memorizar y recitar en los exámenes, y no para vivir y descubrir lo mejor de ella.
La ciudad como conflicto
Al principio se pensó que las ciudades eran para los ciudadanos. Hoy, en pleno siglo XXI, se ha invertido el fenómeno: la ciudad es para los vehículos livianos y otros muy pesados y malolientes, que llevan una carga humana ahogada en gases contaminantes, contagiada de estrés y muchas veces saqueada por los pillos.
Ante esta circunstancia es urgente reaccionar, porque la misión de los ciudadanos no es solo pagar los impuestos, sino integrarse a procesos de cambio en nuevos escenarios y desafíos: uno de ellos es la comunicación. En concreto: al uso del conflicto como experiencia para aprender, mejorar y participar.
En este ámbito, vale la pena recordar la propuesta de Joaquín Barbero, politólogo español: “La comunicación es cuestión de culturas y no de ideologías; es cuestión de sujetos y actores y no de aparatos y estructuras; y, es cuestión de producción y no solo de reproducción”.
Esta corriente configura la necesidad de nuevas mediaciones y en su conjunto proyecta interesantes posibilidades, en este caso más optimistas, sobre el papel de las ciudades y los ciudadanos.
Algunos pasos para construir una pedagogía para aprender de las ciudades
El primer paso podría ser buscar sentido. Thomas Kuhn, al respecto, sugiere que “la comunicación en América Latina podría encontrar su objeto al generar socialmente sentido, conservando el impulso crítico y utópico que ha caracterizado este campo en este sector del mundo”. En el tercer milenio existen, sin embargo, varias preocupaciones: la mundialización de la cultura. Es un hecho la hibridación cultural (Canclini), que no es un mestizaje en esencia, sino un des anclaje de nichos culturales y repertorios de etnias en favor de una homogeneización de la ciencia, el arte, el trabajo, el juego, los saberes, las tradiciones, la tecnología, lo verbal, lo escrito, lo propio, lo ajeno, la religión y la política, todo ello dentro de una lógica de producción simbólica.
Otro escenario, según Barbero, es la ‘mass mediación’, es decir, la asimilación del discurso pedagógico al modelo de comunicación que propone especialmente la televisión.
En tercer lugar, aparece la ciudad como espacio de aprendizaje. ¿Qué se ha hecho al respecto? El currículo incluye este tema, pero de una manera tradicional.

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